Del Cuidado de la Salud
Sedentarismo: Vencer la inclinación al mínimo esfuerzo
- Especialistas que investigan la relación entre el ejercicio físico y la salud corporal y mental, sostienen que la natural tendencia al cansancio y al mínimo esfuerzo son el principal riesgo e impedimento para mantener un estado joven y saludable en el largo plazo.
Advierten que en la Naturaleza lo que no se usa se pierde y lo que no se fortalece, se atrofia.
Señalan que con el tiempo, a partir de los 30 o 40 años, este proceso se ve acentuado por disminución de hormonas y factores de estilo de vida como sedentarismo y alimentación inadecuada que hacen que las células musculares cambien y pierdan su capacidad para repararse y regenerarse, favoreciendo una creciente acumulación de grasa en el cuerpo (sobrepeso y obesidad).
De aquí que se presente como fundamental mantener un estilo de vida activo y una dieta equilibrada para contrarrestar estos cambios, mantener la masa muscular y no acumular grasa que supere el 20% a 25% de tejido adiposo en el cuerpo.
Deterioro del cerebro y Prevención a largo plazo
El proceso de deterioro también sucede en el cerebro al generarse o acentuarse condiciones anómalas de presión arterial y otras condiciones que aumentan los riesgos para la salud vascular y que pueden dar inicio a deterioro cognitivo y al daño cerebral.
Ante estas contingencias, en opinión de los especialistas, la principal orientación inteligente es incorporar como hábito sostenido desde edades tempranas, una práctica de ejercicios y actividad física que contribuya a reducir la presión arterial y evitar una rigidez de los vasos sanguíneos que pueden afectar en forma crítica el funcionamiento cerebral.
Ejercicio y limpieza cerebral
Estudios recientes estiman que la actividad física, si bien no actúa directamente sobre el sistema glinfático que «limpia» el cerebro y la médula espina eliminando desechos y toxinas del sistema nervioso central, se ve favorecido por el ejercicio que genera mejoras cardiovasculares, neurológicas e inflamatorias, especialmente durante el sueño, disminuyendo los procesos inflamatorios, asociados al envejecimiento y a distintas enfermedades neurodegenerativas.
El sueño profundo, señalan, constituye uno de los aspectos más relevantes, porque el ejercicio mejora su calidad y aumenta la actividad de ondas lentas, etapa vinculada con una mayor eliminación de residuos cerebrales.
El estudio viene a reforzar la recomendación general respaldada por numerosas investigaciones que es que mantener una actividad física regular constituye una herramienta importante para favorecer un envejecimiento cerebral saludable y que adoptar este hábito desde etapas tempranas de la vida puede aumentar sus beneficios acumulativos durante el envejecimiento.










