Del Cuidado de la Salud

Alergias de primavera: Tardías, más intensas y prolongadas

  • La alergia de primavera es una reacción del sistema inmunológico al polen que en esta época del año se desprende de árboles y plantas como pasto, trigo, maíz, arroz, avena y una amplia variedad de vegetales.

Se manifiesta con distintos grados de intensidad produciendo estornudos repetidos, irritación de ojos y garganta, congestión nasal y lagrimeo excesivo, síntomas que este años podrían llegar a ser más intensos y por un período más extenso, eventualmente hasta marzo o abril, por causa de las abundantes lluvias invernales que favorecerán una mayor vegetación, floración y producción de polen.

Especialistas del sistema de salud pública y prevención de enfermedades recomiendan a quienes han presentado alergias estacionales recurrentes, que ante este eventual escenario se anticipan y estén preparado para iniciar oportunamente el tratamiento indicado, dado que en personas susceptibles pueden desencadenarse crisis asmáticas, manifestadas mediante tos y dificultad respiratoria mas severas.

Retraso

Aunque a comienzos de septiembre todavía no se observa el aumento habitual de síntomas, lo que indicaría cierto retraso de la temporada alérgica, los médicos anticipan un cambio durante los próximos días con el aumento de las temperaturas y la polinización de especies como el plátano oriental y el ciprés, de cuyos pólenes ya existe presencia actualmente.

No confundir

Se señala como importante distinguir alergia e infección respiratoria dado que ambas pueden presentar algunos síntomas similares, para lo que se debe considerar que las alergias habitualmente no provocan fiebre, dolores musculares ni el marcado malestar general que ocasionan los resfríos.

Aunque habitualmente no constituye una enfermedad grave, la alergia puede afectar significativamente la calidad de vida al afectar el sueño, el descanso, el bienestar y las actividades cotidianas.

Prepararse físicamente para una vejez saludable

  • El aumento en la expectativa de vida en mujeres y hombres en Chile, que en promedio llega a los 81 años, deja en evidencia una baja conciencia del autocuidado corporal que debe mantenerse a partir de lo 40 años.

En Chile, viven aproximadamente 2 y medio millones de personas mayores de 65 años que representan un 14% de la población y se proyecta que para 2050 este grupo erario alcance el 28%.

Sedentarismo

Diversos estudios realizados en torno a las condición física que presenta en la actualidad el adulto mayor muestra una alta incidencia del mal hábito del sedentarismo adquirido durante su juventud, lo que se muestra en que dos de cada 3 adultos mayores no realiza ejercicio nunca o casi nunca y que un 40% camina 6 o más cuadras al día.

Prevalencia de enfermedades crónicas

Esta realidad se refleja en el aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como afecciones cardiovasculares, neoplasias malignas y respiratorias crónicas, asociadas estrechamente a la inactividad, como sobrepeso y obesidad, factores que contribuyen significativamente al desarrollo de estas enfermedades. 

El riesgo comienza antes de la vejez.

A partir de los 40 se entra en una etapa relevante donde empieza a evidenciarse el deterioro fisiológico asociado al envejecimiento y empieza a evidenciarse progresivamente la pérdida de masa y fuerza muscular, además de aumentar la rigidez y disminuir ciertas capacidades de equilibrio y movilidad.

De aquí que a partir de esta edad cobre especial importancia adquirir el hábito de hacer algún tipo de ejercicio para mantener la fuerza, el equilibrio, la movilidad, la coordinación y el control corporal, capacidades que resultan determinantes para conservar la autonomía y funcionalidad durante la etapa de la adultez.

Conclusión

No se trata sólo de vivir más años, sino de llegar a edades avanzadas conservando la mayor “reserva funcional” posible, es decir, mantener la capacidad de caminar, subir escaleras, levantarse, agacharse, reaccionar ante una pérdida de equilibrio y desenvolverse autónomamente.

Los seis movimientos simples y básicos que aportan al bienestar y la calidad de vida:

| Movimiento                                | Capacidad principal          | Beneficio funcional                                                        |

| 1. Pararse sobre una pierna           | Equilibrio y estabilidad     | Fortalece pie, tobillo, rodilla, muslo y cadera; favorece la estabilidad al caminar y puede contribuir a reducir el riesgo de caídas. |

| 2. Sentarse y levantarse de una silla | Fuerza de piernas            | Entrena una actividad básica para la independencia y activa musculatura afectada por sedentarismo, sarcopenia y fragilidad.           |

| 3. Bisagra de cadera                  | Fuerza y movilidad de cadera | Trabaja glúteos y cadena posterior; prepara para agacharse y recoger objetos manteniendo un patrón corporal adecuado.                 |

| 4. Flexiones contra la pared          | Fuerza del tren superior     | Fortalece pecho, hombros, brazos y abdomen y mejora la capacidad de soportar parte del peso corporal con los brazos.                  |

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