Del Cuidado de la Salud

Consecuencias cardiovasculares del tabaquismo

  • Investigadores de la Universidad de Las Américas y la Universidad Autónoma de Chile identificaron un mecanismo molecular clave que explica cómo la exposición al humo del cigarrillo puede provocar una grave complicación cardiovascular asociada a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El estudio, publicado en la revista científica Biomedicine & Pharmacotherapy determinó que el receptor celular denominado P2Y6 desempeña un papel fundamental en el endurecimiento de las arterias pulmonares, provocado por el humo del tabaco. Hasta ahora, no existían evidencias directas que vincularan este receptor con el daño cardiovascular inducido por el humo del tabaco.

Al identificar al receptor P2Y6 como un elemento central en el desarrollo de la hipertensión arterial asociada al humo del cigarrillo, se abre una nueva vía para el diseño de tratamientos dirigidos a prevenir o reducir el daño pulmonar y cardíaco en pacientes fumadores y personas con la la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Relación entre tabaquismo, EPOC e hipertensión pulmonar

La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, que afecta a más de 210 millones de personas en el mundo, en Chile tiene una prevalencia de 14,5% en mayores de 40 años, de los cuales, entre 85% y 90% de los casos, están asociados al consumo de tabaco.

Además del deterioro respiratorio, la EPOC puede generar hipertensión arterial pulmonar, condición que obliga al corazón a trabajar más intensamente para bombear sangre hacia los pulmones.

Relevancia para la Salud Pública

Este descubrimiento es especialmente relevante considerando que el tabaquismo sigue siendo uno de los principales factores de riesgo prevenibles de enfermedad y muerte, si ademas se considera que la hipertensión arterial pulmonar deteriora significativamente la calidad de vida y las terapias actuales son limitadas y no siempre actúan sobre las causas moleculares del daño.

La calidad del sueño depende más de hábitos que de la cantidad de horas dormidas

  • Estudios de especialistas en neurociencia rebaten que la cantidad de entre 7 a 9 horas garantice un sueño saludable y que el cansancio persistente puede existir incluso cuando se cumplen las horas recomendadas de descanso.

Los estudios muestran que ciertos hábitos cotidianos pueden deteriorar significativamente la calidad del sueño, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, problemas cognitivos y afectaciones a la salud mental.

Mantener horarios regulares, controlar la exposición a pantallas, limitar la cafeína, aprovechar la luz natural y evitar el alcohol antes de acostarse son medidas respaldadas por evidencia científica que pueden mejorar significativamente el descanso, la salud física, el rendimiento cognitivo y el bienestar emocional a largo plazo.

Los especialistas señalan que la calidad del sueño depende de la regularidad, continuidad y profundidad del descanso y recomiendan establecer rutinas consistentes, reducir los estímulos nocturnos y fortalecer las señales biológicas naturales que regulan el ciclo sueño-vigilia.

Los horarios irregulares alteran el reloj biológico

Acostarse y levantarse a distintas horas cada día desorganiza los ritmos circadianos, reduce la capacidad reparadora del sueño y se asocia con peores resultados metabólicos, cardiovasculares y cognitivos.

El uso de teléfonos, computadores o tablets antes de dormir mantienen al cerebro en estado de alerta, retrasa la conciliación del sueño y reduce la calidad del descanso y su uso en la hora previa al sueño presenta una prevalencia 33% mayor de mala calidad del sueño.

La luz natural es esencial para regular el sueño y la falta de luz natural durante el día se relaciona con mayores dificultades para dormir, dado que la exposición a la luz solar, especialmente durante la mañana, sincroniza el reloj biológico y facilita el inicio del sueño nocturno, mejorando la calidad del descanso.

Aunque puede provocar somnolencia inicial, el alcohol no mejora el sueño puesto que reduce la fase REM, fragmenta el sueño durante la noche, incrementa ronquidos y trastornos respiratorios y no proporciona un descanso menos reparador.

Señales de Alerta de un Sueño Deficiente
  • Los síntomas diurnos de un sueño deficiente son somnolencia excesiva, cansancio persistente, irritabilidad, bajo estado de ánimo, problemas de concentración y memoria; y disminución del rendimiento laboral.
  • Los síntomas nocturnos de un sueño deficiente son ronquidos frecuentes e intensos, pausas respiratorias durante el sueño, sensación de ahogo al despertar, movimientos anormales al dormir, pesadillas intensas recurrentes y conductas motoras durante los sueños.

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