MINERÍA Y ENTORNO, UNA RELACIÓN VIRTUOSA

La industria se ha comprometido en propender a un desarrollo sustentable que combine lo social, lo económico y lo medioambiental.

La minería es la principal actividad económica de Chile, pues aporta con el 20% del Producto Interno Bruto (PIB), es responsable del 65% de las exportaciones y acapara alrededor del 30% de los ingresos fiscales. Si a eso se le suma su aporte en empleo, innovación y desarrollo, claramente brilla con luces propias.

Sin embargo, y como cada sector productivo, tiene un impacto en su entorno, lo que lleva a realizar y socializar planes de mitigación capaces de dejar conformes a quienes residen en él y a las autoridades que regulan su normal funcionamiento. Pero este camino no siempre es fácil, ya que surgen voces críticas que desestiman esos esfuerzos y ponen sobre la mesa una serie de inquietudes.

Y en base a eso, según encuestas aplicadas recientemente, el 30% de las personas cree que la minería tiene una deuda con el medioambiente, convirtiéndose en su talón de Aquiles y en un constante dolor de cabeza. Y esa percepción no sólo recae en las personas comunes y corrientes, sino que también en líderes de opinión, quienes puntualizaron los desafíos que debe tener Chile y que se remiten a que la industria disminuya al mínimo los impactos sobre el ecosistema, provea de usos más eficientes del recurso hídrico y cautele los impactos en el cierre de faenas.

De allí que las empresas extractivas de minerales y metales se hayan replanteado la estrategia hacia un desarrollo sustentable que se preocupe de tres ejes: Lo social, lo económico y, por supuesto, el medioambiente. Ciertamente no ha sido una tarea fácil, pues no sólo se han tenido que seguir al pie de la letra las regulaciones ambientales vigentes, sino que también se han incorporado nuevos actores como las comunidades, pueblos originarios y grupos ambientalistas.

Pero ¿por qué esa percepción? Principalmente, por malas prácticas acaecidas hace varias décadas y que formaban parte de una práctica poco criteriosa e irrespetuosa de sus vecinos. Por ejemplo, el caso de la fundición Ventanas, cuyo humo negro era parte de su imagen, o la mina El Salvador, que vertía sus relaves sin control.

Hoy, eso sí, esas prácticas han cambiado y dentro de las estrategias de las mineras se consolidan diversas acciones como planes de mitigación, desarrollo de proveedores locales, estudios de impacto ambiental, desarrollo de comunidades, entre otros. Un buen ejemplo de minería sostenible se dio con el plan de cierre de la mina El Indio, ubicada en Vicuña y a 4 mil metros de altura. Las labores de cierre se focalizaron en remover relaves, reconstrucción de aguas superficiales y recuperación de la calidad del recurso hídrico. En Chile, desde el 11 de noviembre de 2011 opera la Ley 20.551 que Regula el Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras y que busca seis objetivos, de acuerdo al Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin).

El primero de ellos resguarda la vida, salud y seguridad de las personas y el medio ambiente; mitigar los efectos negativos de la industria; evitar el abandono de faenas mineras después del cese de operaciones; asegurar la estabilidad física y química de los lugares donde se desarrolla la actividad minera; establecer garantías para el cierre efectivo de las faenas e instalaciones; y finalmente crear un fondo post-cierre para el monitoreo de esas faenas.

País: Chile
Fecha: 2017-07-04

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