Efecto emoji y sticker: los íconos digitales se posicionan en el entorno laboral

  • Compañías han intentado acercarse a sus empleados a través de los emojis y los íconos se han vuelto un infaltable en toda comunicación escrita. ¿El motivo? Acercar el mensaje y ablandar palabras o conversaciones que pueden ser duras.
  • Los pictogramas dejaron de ser solo un modo de conversación informal y se han vuelto parte de la comunicación laboral en las empresas.

En tiempos de trabajo híbrido o teletrabajo, muchos los ven como una manera de provocar simpatía y cercanía con el equipo de trabajo o en la relación cliente-usuario, en el caso de las marcas.

Cuando comenzó la pandemia, Victoria Hernández (31) trabajaba en un centro de salud de Viña del Mar. Partieron con turnos rotativos, se veían menos a la cara con sus compañeros y, en caso de hacerlo, siempre con tapabocas. La comunicación con sus superiores se vio también limitada, poco y nada se encontraban.

E incluso todas las órdenes eran por escrito. Incrementaron así las comunicaciones internas, pero algo cambió y ya no eran tan distantes.

Esta vez los mensajes eran con emojis, que se han ido sumando progresivamente a más plataformas y se han transformado, mucho más durante el periodo de emergencia sanitaria, en parte esencial de las comunicaciones laborales y en ámbitos más serios. Y algo similar sucede con los stickers, pero en las conversaciones más informales.

Emoticones (Emojis)

El consorcio Unicode, una entidad sin fines de lucro, lleva años trabajando en el tema de los emoticones. La organización, compuesta por compañías como Apple, Google, Facebook y Microsoft, es la encargada de la estandarización de estos elementos y de llevar un riguroso proceso de selección.

Para 2010 la lista de emoticones estaba compuesta por unos 719, pero ya en 2021 son 3.633 y cada vez son más. Según comenta Lucía Cantamutto, doctora en Letras de la Universidad Nacional del Sur y coautora del libro “Emojis en la interacción digital escrita”, estos pictogramas son propuestos cada año y deben cumplir con una serie de requisitos, como la frecuencia de uso, empleos metafóricos y representar icónicamente algo que pueda ser entendido por todos.

En general, la cultura del acercamiento actual habilita un trato en tono más amistoso, aún en situaciones en las que antes se hubiera optado por un registro más formal”, dice Cantamutto.

En el intercambio de mensajes digitales, la falta de otras señales que permitan entender el tono de un mensaje o que busquen evitar el conflicto favorece la aparición de elementos expresivos.  “Los usuarios están eligiendo opciones que, al mismo tiempo, no les signifique mucho tiempo escribirlo o encontrarlo y que sean expresivas y claras”. De esa forma, con el emoji adecuado los usuarios pueden sintetizar alguna idea, estado anímico o acusar recibo de un mensaje con un icono.

Para quienes están con trabajo remoto o empresas que deben lidiar con una audiencia masiva, la polisemia de los emojis favorece a la gestión de los vínculos.

Sin embargo, advierte Cantamutto, se ha demostrado que la interpretación de estos varía tanto por el dispositivo, la aplicación o las diferencias culturales de los usuarios.

Su uso comenzó fuertemente en adolescentes y personas más jóvenes, reemplazando palabras y adaptando modismos. “Esos adolescentes crecieron y se integraron al mundo laboral, donde continuaron su uso, pero ahora en un contexto de mayor contacto con personas de diferentes edades y características culturales, masificando su utilización y generando una relativa universalidad en su interpretación”, comenta Sebastián Meza, coordinador de investigación en País Digital.

Stickers

En cuanto al uso de los stickers en las distintas aplicaciones, como WhatsApp, Instagram o Facebook, han ido ganando terreno por sobre los emojis, pero siguen siendo un poco más complejos.

Los stickers, con el paso del tiempo y mucho más durante la pandemia, se han vuelto una nueva forma de expresión. Los usuarios, a través de distintos aplicativos, pueden realizar los propios e incluso darles movimiento.

Corren con ventaja al poder personalizarse, como cuando con MSN Messenger los usuarios podían crear sus propios emoticonos. Pero dependerá mucho del contexto y de quien lo reciba, porque pueden ser más locales, imágenes de esa misma persona retocadas y, finalmente, menos universales. Se podrían, por ejemplo, realizar stickers de los candidatos presidenciales, pero tendría sentido compartirlos solo con chilenos al ser cuestiones más exclusivas y limitadas, por lo que pueden tener incluso fecha de caducidad al ser algo vinculado a la contingencia.

Por eso, a pesar de tener puntos a favor, son menos universales que un emoji y que busca entregar un concepto concreto.

La gente necesita expresarse y es complicado manifestar la emoción, por ejemplo, en un correo electrónico. Entonces, hay que ablandar los contextos para que otra persona pueda entenderlo y no piense que estás enojado, y por eso mismo nacen estos elementos gráficos”, dice Giorgio Baghetti, director general de la oficina local de Cheil Chile, con presencia en los cinco continentes.

Hoy día son un fenómeno y son justamente esas expresiones personalizadas las que la gente necesita transmitir para generar la viralidad”, plantea el publicista, y luego añade que, eso sí, los emojis son limitados y no así los stickers. “Hay gente fabricándolos constantemente, recolectándolos y se van añadiendo a favoritos: lo que buscan es expresarse, pero también validarse”, propone Baghetti.

Baghetti asegura que, aunque los emojis sean parte de la nueva comunicación y lo mismo con los stickers, hay que saber usar bien estos recursos y entender muy bien el fenómeno.

Sebastián Meza, de País Digital, dice que a pesar de que se esté masificando el uso de emojis y stickers y que faciliten la comunicación en el mundo digital, incluso en campañas de márketing, no cambiaron la manera en que los usuarios se comunican presencialmente.

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