Del Cuidado de la Salud
Mitos y riesgos de la alimentación «saludable»
- La creciente influencia de las redes sociales y de los medios de comunicación sobre eventuales «beneficios» o «daños» de determinados componentes de los alimentos de consumo diario ha derivado a una abundante oferta publicitaria de productos etiquetados como «altos en …» proteínas, fibra, colágeno, sodio; «sin…» gluten, azúcar añadida; light, ultralight; y otras variedades.
Ante esta nueva moda instalada en el marketing publicitario, los especialistas advierten que ninguna característica aislada permite determinar si un alimento es saludable o dañino para la salud porque los efectos en el organismo de un determinado ingrediente no son universales puesto que dependen de la dosis, frecuencia, contexto y características individuales de quien los consume.
Los expertos subrayan que una dieta sin gluten es esencial para personas con enfermedad celíaca, pero no existe fundamento para recomendarla a las personas sanas; un mayor aporte de proteínas puede ser pertinente para deportistas, adultos mayores o determinadas situaciones clínicas, pero no necesariamente para toda la población; “sin azúcar añadida” no significa que el producto esté libre de carbohidratos, algo que es especialmente relevante para personas con diabetes; y la idea de que sustituir azúcar por edulcorantes no convierte automáticamente un producto en una alternativa saludable.
De aquí que la principal recomendación de los nutricionistas sea mirar más allá de las promesas del envase, porque conceptos como “light”, “integral”, “con probióticos”, “alto en proteínas” o “sin azúcar añadida” pueden destacar una propiedad real, pero no necesariamente reflejan la calidad nutricional de lo que se consume, porque un producto puede ser light y al mismo tiempo, ultraprocesado; o puede etiquetarse como integral aunque predominen harinas refinadas; o con probióticos, aunque en la realidad no contiene cantidades suficientes como para generar los efectos que se promocionan.
Alimentos fermentados como kéfir, kombucha, masa madre, chucrut y kimchi constituyen una tendencia reciente, impulsada por el interés en la microbiota y la salud metabólica; sin embargo, un alimento fermentado no es necesariamente un probiótico y sus beneficios dependen, de factores como los microorganismos presentes y de su cantidad.
Recomendaciones
- No decidir la compra exclusivamente por una propiedad destacada en el envase.
- Leer la lista de ingredientes y la información nutricional y no quedarse en expresiones publicitarias como “light”, “integral”, “alto en proteínas” o “con probióticos”.
- La edad, actividad física, estado de salud y necesidades específicas determinan qué características pueden ser beneficiosas.
- Un mayor consumo de proteínas puede ser pertinente en determinados grupos, pero “alto en proteínas” no es sinónimo automático de saludable.
- Sin gluten es imprescindible en enfermedad celíaca, pero no constituye por sí mismo una opción más saludable para la población general.
- Sin azúcar añadida no significa “sin carbohidratos” ni garantiza un bajo impacto metabólico.
- – **Edulcorantes:** no deberían considerarse automáticamente una solución saludable para reemplazar el azúcar, especialmente como estrategia de control de peso a largo plazo.
- Fermentado y probiótico” no son equivalentes.
- El marketing nutricional genera una percepción de mayor calidad saludable con que se justifican precios mas caros sin que exista necesariamente una ventaja nutricional equivalente.
- Antes de adoptar una recomendación personal o de redes sociales conviene revisar quién la hace, qué evidencia la respalda y si existen intereses comerciales.
¿ACV a partir de los 20 años?
- Según investigaciones realizadas por centros de estudios norteamericanos, los accidentes cerebrovascular (ACV) están aumentando entre adultos jóvenes y de mediana edad, dejando de ser una patología tradicionalmente asociada al envejecimiento.
Un estudio de la Universidad de Cincinnati mostró que, en Estados Unidos, la incidencia de ACV entre personas de 20 a 54 años casi se duplicó en tres décadas, pasando de 33,9 a 62,2 casos por cada 100.000 habitantes entre 1994 y 2020.
ACV isquémicos

El incremento se explica principalmente por los ACV isquémicos, causados por la obstrucción del flujo sanguíneo cerebral, cuya incidencia aumentó de 23,8 a 47,3 casos por 100.000 habitantes. Paralelamente, crecieron factores de riesgo como hipertensión arterial, diabetes, sobrepeso, obesidad, sedentarismo, fibrilación auricular y consumo de sustancias ilícitas.
Entre los pacientes jóvenes estudiados la presencia de consumo de drogas aumentó de 4,6% a 40,2%.
En Chile
Aunque los resultados estadounidenses no pueden extrapolarse directamente a Chile, especialistas nacionales señalan que en nuestro país también se está dando una tendencia creciente, corroborada por datos del Ministerio de Salud que sitúan la incidencia del ACV isquémico en menores de 50 años aproximadamente un 40% más que en décadas anteriores.
Secuelas
La tendencia tiene especial relevancia porque un ACV ocurrido a los 20, 30 o 40 años puede generar secuelas neurológicas y discapacidad durante décadas, afectando la autonomía, la calidad de vida y la capacidad laboral, por lo que los cardiologos plantean comenzar tempranamente, desde por lo menos a los 20 años, el control de la presión arterial y de los factores metabólicos.
Síntomas de alerta
No se debe descartar un eventual ACV isquémico porque se trate de un paciente joven, por el contrario es indispensable reconocer rápidamente síntomas y señales características del accidente cardiovascular como la asimetría facial, dificultad para hablar, pérdida repentina de fuerza en un brazo o pierna, alteraciones visuales y pérdida de sensibilidad.
El dolor de cabeza no constituye por sí solo un síntoma típico de un ACV isquémico, aunque es más característico de un ACV hemorrágico
Algunas terapias tienen una ventana de intervención limitada por lo que reconocer precozmente las señales puede modificar de manera importante el pronóstico.










